El trabajo de perfeccionamiento interior es el núcleo de la masonería en Asturias y en cualquier parte del mundo. Sin embargo, en este camino iniciático nos encontramos con adversarios silenciosos que habitan en nuestro interior. Uno de los más complejos y esquivos es, sin duda, el ego.

Como ilustra la imagen que acompaña esta reflexión existe una diferencia fundamental entre la confianza y el ego: la confianza es calmada, mientras que el ego hace mucho ruido.

Ilustración que contrasta la confianza calmada frente al ego ruidoso, representando el trabajo interior masónico.

Las múltiples máscaras del ego

El ego no siempre se manifiesta de forma evidente. A veces se presenta como orgullo desmedido, pero otras adopta formas mucho más sutiles:

Quizá por eso sea uno de los materiales más difíciles de desbastar en nuestra particular Piedra Bruta. No siempre somos capaces de reconocerlo cuando se manifiesta en nosotros mismos, ya que nos invita constantemente a compararnos, a medir nuestro valor frente al de los demás y a buscar en el exterior aquello que solo puede hallarse mediante el verdadero conocimiento interior.

El verdadero desafío del Arte Real

Aquí es donde comienza una de las fases más exigentes del Arte Real: el momento exacto en el que dejamos de intentar impresionar al mundo profano y comenzamos, verdaderamente, a trabajar sobre nosotros mismos.

Para ilustrar esta dualidad, recordamos las sabias palabras de Sogyal Rinpoche:

«Dos personas han estado viviendo en ti durante toda tu existencia. Una es el ego. La otra es el ser espiritual oculto, cuya quieta y sabia voz has oído y atendido solo en raras ocasiones».

Desde la R.·. L.·. S.·. Miles Lvcis n.º 110, en el Oriente de Gijón, concebimos la masonería asturiana como un espacio de silencio y trabajo donde aprender a silenciar el ruido del ego para poder escuchar, por fin, esa voz sabia y calmada de la verdadera confianza.